La participación social y política de las mujeres ha sido y es una estrategia central en la construcción de la equidad de género y en la profundización de la democracia.
En el afán de disfrutar de una plena ciudadanía, las mujeres debemos participar activa y equitativamente con la Administración Pública y los órganos legislativos a fin de que las decisiones y programas que el estado establezcan se realicen tomando en cuenta la importancia de que tengan una visión de género que impulse la igualdad de condiciones.
Es también muy importante la conformación de redes ciudadanas que se involucren en todos los aspectos de la vida de las mujeres (violencia, medio ambiente, trabajo, entre otros), ya que no es posible construir una sociedad auténticamente democrática sin una ciudadanía fuerte y participativa.